“Estos son mis principios. Pero si no le gustan tengo otros” (Groucho Marx).
A la hora de ver fantasmas, los escuderos del intendente tiro al aire no son muy creativos: ven una operación “destituyente” en perjuicio de Luis Larrañaga. Y acusan a “los gorilas”.
Mucho más difícil es hacer política, que significa -entre otras cosas- comprender que el jefe comunal, que llegó a su puesto con recortada legitimidad, parece hacer lo posible para rifar el capital político del que se hizo.Larrañaga es un intendente legítimo porque ganó con el voto de los ciudadanos, más allá de la ridícula acusación de fraude que hizo el Frente Pampeano.
Pero también es verdad que la diferencia en su favor fue exigua, y gracias al arrastre del huracán Cristina. Y fue escasa -hasta con algunas trampas- su victoria en la interna del PJ contra Jorge Lezcano.
No sólo de los votos se nutre la legitimidad: Néstor Kirchner llegó a la presidencia, en 2003, con sólo el 22% de los sufragios, pero se hizo de esa legitimidad a partir de su voluntad política (tuvo en claro qué quería y para dónde iba) y de una serie de medidas populares.
No sólo de los votos se nutre la legitimidad: Néstor Kirchner llegó a la presidencia, en 2003, con sólo el 22% de los sufragios, pero se hizo de esa legitimidad a partir de su voluntad política (tuvo en claro qué quería y para dónde iba) y de una serie de medidas populares.
Larrañaga, en cambio, no sólo carece de esa voluntad, que en algún punto es coraje, sino que se va acomodando para donde lo lleva el viento y no sabe si atender sus intereses o lo que le dictan los nuevos tiempos.
Larrañaga hubiera sido un intendente cómodo para los ’90, cuando se vivían otra moda y otra realidad.
Hoy, forzado a acomodarse como “nacional y popular”, no puede con su tendencia genuina: la de ser el representante del establishment local, el intendente de los negocios.
Por algo se definió a sí mismo como “un típico profesional de clase media de Santa Rosa”: está claro lo que eso quiere decir (aunque lo de “clase media” es una metáfora: Larrañaga es millonario).
Habla de incluir pero excluye, habla del Estado y las cooperativas pero ansía privatizar, habla de la participación ciudadana pero la tapa. Va y viene.
Su legitimidad es escasa porque no es “nacional y popular”, pero se hace; porque llegó apadrinado por un líder que huyó el 4 de julio y dejó a todos colgados del pincel; porque se hizo famoso por sus negocios no tan claros con el Estado y porque trascendió como santarroseño cuando construyó un edificio violando las reglamentaciones del municipio que hoy comanda.
Desde ese lugar, con credibilidad recortada, con una trayectoria manchada por las sospechas, es difícil ser autoridad. A Larrañaga sólo le queda el camino de hacerse legítimo escuchando lo que pasa, pero flaco favor le hacen sus “compañeros” si le hacen creer que es víctima de “los gorilas” que lo quieren “destituir”.
Nadie puede pensar seriamente, a esta altura, en que Larrañaga tenga que irse de la Intendencia: eso es una pavada. Pero sí está en discusión qué ciudad pretende construir. Y por ahora está más cerca de los gorilas que de lo nacional y popular.
Larrañaga hubiera sido un intendente cómodo para los ’90, cuando se vivían otra moda y otra realidad.
Hoy, forzado a acomodarse como “nacional y popular”, no puede con su tendencia genuina: la de ser el representante del establishment local, el intendente de los negocios.
Por algo se definió a sí mismo como “un típico profesional de clase media de Santa Rosa”: está claro lo que eso quiere decir (aunque lo de “clase media” es una metáfora: Larrañaga es millonario).
Habla de incluir pero excluye, habla del Estado y las cooperativas pero ansía privatizar, habla de la participación ciudadana pero la tapa. Va y viene.
Su legitimidad es escasa porque no es “nacional y popular”, pero se hace; porque llegó apadrinado por un líder que huyó el 4 de julio y dejó a todos colgados del pincel; porque se hizo famoso por sus negocios no tan claros con el Estado y porque trascendió como santarroseño cuando construyó un edificio violando las reglamentaciones del municipio que hoy comanda.
Desde ese lugar, con credibilidad recortada, con una trayectoria manchada por las sospechas, es difícil ser autoridad. A Larrañaga sólo le queda el camino de hacerse legítimo escuchando lo que pasa, pero flaco favor le hacen sus “compañeros” si le hacen creer que es víctima de “los gorilas” que lo quieren “destituir”.
Nadie puede pensar seriamente, a esta altura, en que Larrañaga tenga que irse de la Intendencia: eso es una pavada. Pero sí está en discusión qué ciudad pretende construir. Y por ahora está más cerca de los gorilas que de lo nacional y popular.

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